Crear desde la grieta: arte, cuidado y acción colectiva.
FRACTAL – Facilitación gráfica y artivismo para el cambio social fue un proyecto Erasmus+ diseñado por Otra Escuela en formato de curso residencial de cinco días (del 17 al 21 de octubre de 2025) . Reunió a jóvenes trabajadores juveniles, facilitadores, activistas y artistas interesados en el cruce entre creatividad, participación y cambio social. El proyecto se desarrolló en la Granja Escuela Huerta Limpia, en Guadalajara, España, en un entorno de vida comunitaria que favoreció el aprendizaje colectivo y la experimentación.
Con organizaciones socias de Alemania (DOPE), Francia (Rokonto), Palestina (Keffiyeh Youth Center), Rumanía (Super Tineris), Bosnia y Herzegovina (BRAVO) y España (Otra Escuela), FRACTAL reunió a participantes de estos países y también a jóvenes de Colombia, Afganistán y Moldavia, dando lugar a una experiencia intercultural atravesada por la migración y la complejidad territorial y política de la Unión Europea.
El objetivo principal de FRACTAL fue explorar la facilitación gráfica y visual, el artivismo, la identidad personal y social y la activación del espacio público como herramientas de cambio social, a través de métodos de educación no formal, aprendizaje experiencial y creación colectiva.
Habitar la fractura. Sostener la grieta.
Para el equipo facilitador, FRACTAL fue también una experiencia de fractura. Al intentar nombrar lo vivido, apareció una imagen compartida: la de un cristal que se quiebra. No como un gesto violento, sino como una ruptura inevitable y luminosa, donde las grietas dejan pasar otras formas de ver, sentir y estar. En un mundo atravesado por la fragmentación, la fractura no se vivió como fallo, sino como condición para que algo nuevo pudiera emerger.
FRACTAL fue, en ese sentido, un paréntesis en el tiempo productivo. Un espacio para hacer lo que normalmente no cabe: cortar, escribir, jugar, caminar sin objetivo claro. Gestos pequeños, aparentemente inútiles, que alteraron la normalidad y activaron encuentros inesperados. Para que eso ocurriera, la facilitación se volvió contenedor: sostener el caos, renunciar al control, confiar en la inteligencia colectiva. Crear un espacio suficientemente seguro para que otras personas pudieran atreverse a decir, hacer y sentir lo que fuera necesario.
Como señalaba Ignacio Ruiz Fernandez, participante español, el valor del proceso estuvo en “todas aquellas actividades que nos forzaban —en el buen sentido— a exponernos de manera visual, física o verbal”, haciendo visible que el aprendizaje no estaba en la técnica aislada, sino en el encuentro.
Ese gesto —cuidar, contener, dejar espacio— es profundamente político. Porque permite comunidades efímeras donde la vulnerabilidad se acelera, donde lo íntimo se vuelve compartido y donde el arte deja de ser un producto para convertirse en relación.
El diseño del fractal
Cinco consignas para pensar, sentir y actuar
Los cinco días de FRACTAL estuvieron diseñados bajo una consigna diaria. Cada palabra -Curiosidad, Comodidad/Incomodidad, Desobediencia, Política y Cuidado-, marcó el tono de las actividades, las preguntas que se abrían y las reflexiones que emergían. No como etapas cerradas, sino como capas que se iban superponiendo, permitiendo que el proceso avanzara en espiral, como la concha de un caracol.
Día 1 · Curiosidad
FRACTAL comenzó desde la curiosidad: no como una consigna abstracta, sino como una disposición compartida a no saber del todo qué iba a pasar. El primer día fue una invitación a observar, a escuchar, a reconocerse en el espacio y en el grupo sin necesidad de definirse demasiado rápido. La curiosidad abrió el proceso como se abre un cuento: dejando lugar a la sorpresa.
“Cada día era como una historia que no sabías cómo iba a seguir”, compartía Denisa Tofan, participante rumana. Esa sensación de expectativa —de no anticipar el resultado— permitió entrar en el proyecto sin la presión de cumplir, producir o demostrar algo. Curiosidad por el lugar, por les otres, por lo que podía emerger colectivamente si se suspendían, aunque fuera por unos días, las lógicas habituales del control y la eficiencia.
Ese tránsito fue también un aprendizaje sobre los procesos creativos. “Aprendí que hay muchas maneras de acercarse a la creatividad, y que los grandes cambios necesitan tiempo”, nos contó Angela Vega Guerrero, participante colombiana radicada en Alemania, reforzando la idea de que la incomodidad no era un obstáculo, sino parte del camino.
Día 2 · Comodidad / Incomodidad
A medida que el grupo fue construyendo confianza, apareció la exploración de la comodidad y la incomodidad. Trabajar con el cuerpo, con la emoción, con la mirada ajena y con la propia vulnerabilidad implicó salir de zonas conocidas. No se trató de empujar límites de forma forzada, sino de observar qué ocurre cuando una se permite estar un poco incómoda en un entorno cuidado.
Para algunas personas, ese tránsito fue profundamente significativo. “Puse en la estatua lo que significa para mí vivir con miedo cada día, y poder compartirlo fue muy fuerte”, relataba Denisa. La incomodidad dejó de ser algo a evitar y se transformó en una puerta hacia el encuentro, la empatía y el reconocimiento mutuo. Cada día trajo emociones nuevas, y el grupo aprendió a sostenerlas colectivamente.
Día 3 · Desobediencia
El tercer día llevó al grupo a un primer encuentro con la ciudad desde una lógica lúdica y exploratoria. A través de una especie de photo safari, les participantes salieron al espacio público a observarse y observar, a recorrer Guadalajara con otros ojos. Los “animales” eran elles mismes: el reto consistía en cumplir pequeñas pruebas que descolocaban lo cotidiano, como tomarse fotografías inusuales, interactuar con personas desconocidas o dejar intervenciones mínimas destinadas a ser encontradas por otres.
Esta salida no buscó un impacto visible ni explícito, sino entrenar la mirada, el cuerpo y la presencia. Una desobediencia suave, casi furtiva, que permitió reconocer la ciudad, perderle el miedo al espacio público y prepararse para una acción colectiva posterior. Más que irrumpir, se trató de afinar la sensibilidad y la complicidad grupal en relación con el entorno.
Día 4 · Política
Lo político atravesó el proyecto no desde discursos abstractos, sino desde las historias, los vínculos y las preguntas que el grupo fue capaz de sostener. Muchas personas llegaron esperando aprender técnicas gráficas y se encontraron, en cambio, con una pregunta más compleja: ¿qué quiero decir?, ¿qué me importa?, ¿desde dónde hablo?
“Pensé que venía a aprender técnicas, pero me voy entendiendo mejor mis conexiones sociales”, narraba Wassim Lazreg, participante francés, en uno de los círculos de reflexión colectiva. La creación colectiva ayudó a desbloquear ideas, a comprender que el mensaje no siempre nace en soledad y que el sentido se construye en diálogo. Wassim añadió en su evaluación al proceso que “el arte es una herramienta poderosa, no solo para comunicar, sino para conectar a las personas entre sí”, subrayando el potencial del artivismo como práctica relacional y política.
Las distintas realidades presentes —especialmente las experiencias de les participantes palestines— pusieron en el centro la necesidad de comunicar contextos de violencia y ocupación sin renunciar ni a la verdad ni a la ternura. Desde gráficas honestas y creadas colectivamente, emergió una narrativa cargada de cuidado y esperanza, donde lo político se expresó también como afecto y responsabilidad compartida.
Día 5 · Cuidado
El último día combinó dos movimientos clave: la acción colectiva en el espacio público y el cierre desde el cuidado mutuo. Por la mañana, el grupo volvió a salir a la calle, esta vez con una propuesta más articulada y consciente. Las intervenciones se sostuvieron desde la sutileza y la escucha, generando encuentros breves pero significativos con personas de la ciudad.
En ese contexto, Eva Belkessam, participante francesa, nos compartía: “No es fácil acercarte a alguien que no conoces, y menos en otro idioma, pero fue muy bonito hacer feliz a alguien sin razón”, La acción no buscó respuestas ni adhesiones, sino abrir un momento de contacto humano desde la ternura y la atención. También para Ignacio “Crear una actividad real para hacer participar a la gente en la ciudad y llevarla a cabo fue uno de los momentos más importantes del proceso” .
La experiencia en la calle dejó huellas profundas. “El momento de salir a Guadalajara y pedir a la gente que respondiera a nuestra propuesta artística sobre la paz fue uno de los aprendizajes más fuertes” compartió también Wassim.
Después de la calle, el grupo regresó al espacio común para cerrar el proceso desde el cuidado. Un tiempo para bajar el ritmo, compartir lo vivido y sostener emocionalmente lo que había emergido. “Estos cinco días han sido como un apapacho, un abrazo para el alma”, nos contó Barbara Niño, participante colombiana radicada en Alemania, poniendo palabras a la necesidad de contener lo que se había movido.
El cierre no fue un final definitivo, sino una pausa consciente. Como un fractal, lo vivido en lo íntimo, en el grupo y en el espacio público quedó listo para replicarse en otros contextos y escalas. Pequeñas grietas abiertas con cuidado, por donde puede seguir entrando la luz.
Cuando lo pequeño contiene al todo
Al terminar FRACTAL, no quedó una sensación de cierre definitivo, sino de continuidad. Como un cristal fracturado con cuidado, el proceso dejó grietas abiertas: espacios por donde seguir creando, preguntando y encontrándose. Lo vivido en esos cinco días —en el cuerpo, en el grupo, en el espacio público— no se agota en la experiencia compartida, sino que se replica en otras escalas, otros contextos, otras prácticas. Como un fractal, lo pequeño contiene al todo. Y en cada gesto cuidado, en cada acto creativo situado, sigue entrando la luz.
“Aprendí a creer un poco más en las demás personas”. Angela nos regaló en su evaluación esta frase sencilla que condensa el sentido profundo del proceso vivido y su proyección más allá de FRACTAL.
Como complemento visual a esta experiencia, recomendamos ver el breve video compartido por Barbara Niño, diseñadora gráfica y artista urbana colombiana radicada en Leipzig, participante de FRACTAL. En su cuenta de Instagram, Barbara recoge en un reel algunas sensaciones, imágenes y reflexiones del proceso vivido, ofreciendo una mirada personal y situada que dialoga con todo lo que aquí se ha narrado.
👉 https://www.instagram.com/reel/DQqupSoDEf9/?utm_source=ig_web_button_share_sheet
Fuentes del diseño metodológico y voces del proceso
Fuentes primarias
-
Otra Escuela. (2025). Documento de evaluación del proyecto FRACTAL [Documento interno no publicado].
-
Otra Escuela. (2025). Entrevistas a facilitadores del proyecto FRACTAL [Entrevistas realizadas durante el proceso, no publicadas].
-
Otra Escuela. (2025). Entrevistas a participantes del proyecto FRACTAL [Entrevistas realizadas durante el proceso, no publicadas].
Fuentes secundarias
-
Brown, Adrienne Mariee. (2017). Emergent Strategy: Shaping Change, Changing Worlds. AK Press.
-
Iconoclasistas. (2019). Mapeando el territorio [Cuadernillo educativo]. Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro (UnTER).
https://iconoclasistas.net/cuadernillo-escolar/ -
Smith, Keri. (2016). The Wander Society. Penguin Random House.
Las fuentes secundarias acompañaron el diseño metodológico del proyecto, mientras que las fuentes primarias nutren la narrativa y las reflexiones recogidas en este artículo.
Otra Escuela 2025
Texto: Lina Gaitán
Diseño del programa y facilitación: Morgaine Green, Lina Gaitán y Yohann Vancassel.