¿Qué ocurre cuando la decolonialidad deja de ser un tema de estudio y se convierte en una práctica pedagógica?

En las últimas décadas, la perspectiva decolonial ha ganado un lugar cada vez más visible en universidades, organizaciones sociales, instituciones públicas y organismos internacionales. 

Conceptos como colonialidad, interseccionalidad, privilegio o conocimiento situado forman parte de un vocabulario que hoy circula ampliamente en procesos de formación, políticas públicas y agendas de cooperación. Sin embargo, esta expansión también ha traído consigo una tensión importante: ¿qué ocurre cuando herramientas de análisis nacidas de las luchas antirracistas, feministas y comunitarias de los pueblos históricamente colonizados son extraídas de esos contextos políticos y convertidas en categorías técnicas o contenidos académicos?

Diversas autoras han advertido que este proceso puede vaciar de sentido crítico conceptos profundamente transformadores. La interseccionalidad, por ejemplo, deja de ser una herramienta para comprender cómo se entrelazan las estructuras de dominación y pasa a convertirse en una matriz de clasificación de identidades o en un criterio de gestión institucional. Del mismo modo, la crítica decolonial corre el riesgo de reducirse a un ejercicio de reconocimiento individual de privilegios, a políticas de representación que no transforman las relaciones de poder o incluso a narrativas de desarrollo personal perfectamente compatibles con las lógicas de mercado. En lugar de cuestionar la matriz colonial que organiza nuestras formas de conocer, relacionarnos y habitar el mundo, estas apropiaciones terminan administrando sus efectos.

En Otra Escuela compartimos muchas de estas preocupaciones. Por eso, nuestro Diplomado en Transformación Positiva de Conflictos a través del Arte y el Juego no busca únicamente exponer la teoría de perspectivas decoloniales: busca crear las condiciones para experimentarlas. Partimos de la convicción de que una crítica a la colonialidad difícilmente puede aprenderse solo desde el intelecto. Si la colonialidad separó el cuerpo del conocimiento, la naturaleza de la cultura, la espiritualidad de la razón y el aprendizaje de la experiencia, entonces una pedagogía comprometida con su transformación necesita volver a tejer esas relaciones. Más que transmitir conceptos, nos interesa abrir espacios donde el cuerpo, el juego, el ritual, los saberes ancestrales, el placer y el vínculo con la tierra se conviertan también en formas legítimas de producir conocimiento.

teatro imagen y cuidado

«No estoy luchando contra el racismo, ni para hacer un desarrollo personal propio, ni para ser mejor persona para mí, ni para salvar a nadie más, sino que es una justicia que hay que reparar.»

Morgaine Green.

Equipo Otra Escuela

El tercer fin de semana del VII Diplomado en Transformación Positiva de Conflictos a través del Arte y el Juego, realizado en Garaldea Ecofeminista entre el 24 y el 26 de abril , fue una expresión de esta apuesta. Tras una conversación colectiva sobre la colonialidad del saber, del poder y del ser, les participantes habitaron una serie de experiencias vivenciales que desplazaron la reflexión del plano conceptual al corporal y relacional. A través del ritual, el movimiento, el juego, el encuentro con la tierra y la recuperación de saberes ancestrales, la pregunta dejó de ser únicamente cómo comprender la colonialidad para convertirse en cómo imaginar, experimentar y ensayar otras formas de aprender, de relacionarnos y de transformar los conflictos.

Esa reparación no se ensaya únicamente en el plano de las ideas. Durante la tercera sesión del diplomado, realizada en Garaldea Ecofeminista, la conversación encontró continuidad en una secuencia de experiencias donde el conocimiento dejó de estar concentrado en la palabra experta para circular entre los cuerpos, el territorio y la memoria colectiva. Les participantes compartieron rituales de vínculo con la tierra, recuperaron saberes ancestrales heredados de abuelas, madres, comunidades y pueblos originarios, exploraron el placer como experiencia política y cultivaron formas de aprendizaje basadas en la escucha, el movimiento y el cuidado mutuo. Más que ilustrar una teoría, la metodología buscó disputar las formas en que solemos producir conocimiento.

Ritual para honrar el territorio – Garaldea. Propuesta experiencial de sanación de la herida colonial.  Participantes. 

Uno de los momentos más significativos ocurrió durante una ronda ritual de conocimiento compartido. Una vela encendida recorría el círculo de mano en mano mientras cada participante nombraba un saber que había recibido y que consideraba necesario preservar: remedios tradicionales, formas de cultivar la tierra, prácticas de cuidado, historias de resistencia, maneras de convivir, enseñanzas familiares o aprendizajes compartidos en comunidad. Tras cada intervención, el grupo respondía al unísono: «Que este saber no se pierda.» El gesto era sencillo, pero profundamente político. Frente a una historia marcada por el epistemicidio (la destrucción sistemática de conocimientos y formas de vida consideradas inferiores por la matriz colonial), el ritual convertía el acto de recordar, nombrar y compartir en una práctica colectiva de resistencia y reparación.

Les participantes, más que destacar la adquisición de nuevos conceptos, describen un cambio en la manera de comprenderse a sí mismxs y de situarse relacionalmente. Neni escribe en la bitácora de evaluación:

«Finalmente curiosa conmigo misma y mis conexiones con las que me preceden. Qué hay de estas personas en mí y cómo me habitan. Colonialismo como construcción social y los aprendizajes invisibles que permanecen.»

Elena Fernandez Luengo

Participante

Su reflexión sintetiza uno de los principales objetivos de la sesión: comprender que la colonialidad no es únicamente un sistema histórico o una estructura externa, sino también un conjunto de aprendizajes que se encarnan, se heredan y se reproducen. La recuperación de saberes ancestrales, el ritual compartido y el reconocimiento del cuerpo como fuente de conocimiento no buscaban despertar nostalgia por el pasado, sino abrir preguntas sobre las memorias que todavía nos constituyen y las posibilidades de resignificarlas colectivamente.

Del mismo modo, en las bitácoras se refleja que la reflexión política no desemboca en una identidad más rígida, sino en una práctica relacional más consciente. Iria señala que uno de sus principales aprendizajes fue:

«Entender para poder reajustar mi posición según el rango que ocupo en cada momento y que esto no significa abandonar mi identidad y lucha.»

Iria Graña

Participante

La afirmación dialoga directamente con la apuesta del diplomado por superar tanto los esencialismos identitarios como la comprensión individualizada del privilegio: reconocer el propio lugar dentro de relaciones cambiantes de poder no implica renunciar al compromiso político, sino ejercerlo con mayor responsabilidad y capacidad de escucha. 

Quizá por eso Jess (Jesica Cristobal, Participante) describe la sesión como «una experiencia muy inmersiva» en la que destacando que el entorno de Garaldea Ecofeminista fue «muy adecuado para la temática». La inmersión, la participación y la relación con el territorio no aparecen aquí como aspectos logísticos o metodológicos, sino como condiciones para que el aprendizaje dejara de ser únicamente un ejercicio intelectual y pudiera convertirse en una experiencia compartida de transformación.

Finalmente, las bitácoras también ponen de relieve una condición indispensable para que esta propuesta pedagógica sea posible: el cuidado colectivo. A lo largo de la sesión, les participantes fueron invitades a cuestionar categorías profundamente arraigadas, revisar sus propios lugares de enunciación, reconocer privilegios, incomodarse frente a la colonialidad del saber, del poder y del ser, y abrirse a formas distintas de conocer y relacionarse. Lejos de evitar esa incomodidad, el diplomado la entiende como parte del aprendizaje. Sin embargo, esa apertura solo puede sostenerse cuando existe un tejido de confianza, escucha y acompañamiento que permita atravesarla sin reproducir las lógicas de exclusión, juicio o competencia que la propia perspectiva decolonial cuestiona.

Como expresa Fernanda en su evaluación:

«El poder que hay dentro del grupo acerca del cuidado colectivo y la importancia de cultivarlo para generar espacios de cercanía, acompañamiento y seguridad. Que son fundamentales para el aprendizaje, la apertura emocional, etc.»

María Fernanda Aguilar

Participante

Quizá ahí reside una de las principales enseñanzas de esta experiencia: que transformar nuestras formas de conocer también implica transformar nuestras formas de cuidarnos. En Otra Escuela entendemos que transformar y disputar con la colonialidad nuestras formas de conocer, también implica transformar la forma en que nos cuidamos. El cuidado, lo entendemos como una condición para que el aprendizaje pueda desafiar nuestras certezas, ampliar nuestros horizontes y abrir posibilidades de transformación sin renunciar a la dignidad de quienes aprenden juntas.

video resumen del 7 diplomado en trasformación positiva de conflictos a través del arte y el juego, 2026. Provenir para Prevenir. 

Bibliografía:

Fuentes secundarias

 

Fuentes primarias:

  • Otra Escuela. (2026). Bitácoras de evaluación de las sesiones del VII Diplomado Provenir para Prevenir [Documento interno no publicado].
  • Otra Escuela. (2026). Transcripción de la grabación de la sesión de contextualización teórica «Colonialidad, Identidad, Rango y Privilegio» (24–26 de abril de 2026, VII Diplomado Provenir para Prevenir) [Transcripción no publicada].